Cuando una instalación comercial estadounidense evalúa la tecnología de pantallas, la primera limitación suele ser la propia sala: una ventana comercial a nivel de calle que capta la luz directa de la tarde, un vestíbulo corporativo con cristales de suelo a techo, un centro de operaciones de emergencia que no puede apagarse ni un solo turno. El proyector que funcione adecuadamente en una sala de conferencias sin ventanas será invisible en la tienda minorista de al lado. La decisión entre una pared de vídeo LED y un proyector se aplica a tres variables: la luz ambiental, el horario diario de funcionamiento y los costes de mantenimiento y cumplimiento que se acumulan durante el periodo de despliegue, no se basa simplemente en una preferencia por una sola tecnología. Esta comparación...